viernes, 30 de abril de 2010

descendencia de la palabra orfeón


Orfeo, el poder de la música y el canto








Orfeo y Euridice

Otra historia de amor de la mitología griega, esta vez dramática, la protagonizó Orfeo, magnífico héroe civilizador de una sensibilidad exquisita, a la vez teólogo, reformador de la moral y las costumbres, poeta y músico célebre.



De su padre Apolo recibió una lira, a la que añadió dos cuerdas hasta un total de siete, con la que tocaba ingeniosas y excepcionales melodías. Con Orfeo aparecía finalmente un mortal capaz de desarrollar el arte de la música, reservado hasta entonces a los dioses.



Pues bien, los dioses, los humanos y toda la naturaleza, las fieras, los ríos, los árboles y hasta las rocas se estremecían ante sus mágicos acordes y quedaban embelesados al oírlo cantar acompañado por sus instrumentos.



Orfeo participó en la expedición de los Argonautas, marcando con sus melodías el ritmo de los remeros. En esta expedición, su mayor hazaña fue anular el embrujo que los cantos de las Sirenas producían en los marineros. Orfeo entonó tan dulces melodías que la tripulación no sintió deseo de acercarse a las Sirenas, evitando así estrellarse contra las rocas y ser devorados por ellas.



Pero el canto no era la única ocupación de Orfeo. Era un personaje muy erudito y con inquietudes filosóficas, que se dedicó a viajar e investigar el mundo que lo rodeaba. Tantos eran sus encantos y su sabiduría que muchas mujeres y ninfas le pretendían en matrimonio. Sólo Eurídice, modesta pero encantadora, llamó la atención de Orfeo. Se casó con ella y fue tiernamente correspondido, protagonizando una de las leyendas de amor más conmovedoras de la mitología.



Su unión fue feliz…pero no duró mucho



Un día, Eurídice, huyendo de Aristeo, quien la perseguía para tomarla por la fuerza, fue mordida por una serpiente, cuyo veneno le provocó la muerte súbita. Orfeo entristeció profundamente. Abandonó todo y se internó en el bosque con la sola compañía de su lira. Se pasaba días y noches tocando. Los animales, las ninfas, los sátiros e incluso los centauros, todos lloraban al escuchar aquellas tristísimas notas.



Enormemente desconsolado, Orfeo se dirigió entonces a los infiernos entonando canciones sobre su profunda tristeza, tan bellas que ablandaron los ánimos de Hades. El dios de los infiernos prometió devolverle a Eurídice bajo una condición: mientras subiera hasta el mundo de la luz no debería mirar atrás.



Con el sonido de su lira, Orfeo guiaba a la ninfa a través de la oscuridad. Pero la subida era lenta, pues Eurídice aún sentía la herida. Cuando estaban a punto de llegar a la salida y ver la luz, Orfeo, lleno de ansiedad, giró la cabeza intentando abrazarla. En ese instante, Eurídice se desvaneció para siempre en el mundo de los muertos.



Orfeo estuvo vagando por el desierto tocando su lira y rechazando la compañía humana. Terminó en la región de Tracia, donde muchas mujeres intentaron casarse con él, pero sin éxito. Durante unas fiestas en honor de Dionisios, en venganza por haber sido rechazadas, las mujeres mataron al héroe, despedazando su cuerpo en múltiples trozos y arrojando su cabeza al mar. Según una versión, las mujeres actuaron así movidas por los dioses del Olimpo, que no podían permitir que un humano divulgara los secretos del mundo de los muertos.



Tras su desaparición, la lira de Orfeo se transformó en la constelación Lira, que contiene la estrella Vega, la más brillante de todas las que se pueden contemplar desde el hemisferio norte.



Orfeo, cantor por antonomasia, representa el poder maravilloso del lenguaje, de la música, del canto. En castellano, orfeón, como orfeó en catalán y valenciano, designa a un grupo de personas que cantan en un coro.



La leyenda de Orfeo dio también lugar a una forma de pensamiento denominada “teología órfica”. De regreso del mundo de los muertos, Orfeo habría desvelado la manera de llegar al paraíso de los bienaventurados, evadiendo los obstáculos que encontraban las almas tras la muerte. El orfismo se convirtió en un modo de vivir, con ritos de purificación, pócimas mágicas y múltiples prohibiciones.



El mito de Orfeo en las artes



A partir del siglo XVII, el mito de Orfeo fue utilizado por la mayoría de los compositores, sobre todo barrocos, para algunas de sus obras; Monteverdi, Rossi, Paer, Haydn, Offenbach y Vivaldi, entre otros muchos. Pero fue el checo Gluck (Orfeo ed Euridice, 1762) el primero que puso a llorar al héroe sobre el escenario después de perder a su amada Eurídice, llenando así de significado la expresión “drama lírico”, con que se denomina normalmente a la ópera.







El teatro y el cine aprovecharon también el mito de Orfeo. En 1956, el brasileño Vinicius de Moraes estrenó en Río de Janeiro “Orfeu da Conceiçao”, donde por primera vez en Brasil todos los actores de una obra de teatro eran negros. La pieza fue crucial para hacer de la música de samba un medio de expresión de la identidad nacional, situando el mito de Orfeo en unos carnavales de los suburbios de Río.



Tres años después, “Orfeo negro”, la película del director francés Marcel Camus, basada en la obra de teatro, llamó la atención del público internacional, ganando la Palma de Oro en Cannes y el Óscar a la mejor película extranjera. Pero no fue recibida con entusiasmo en Brasil, ya que el público la consideró como una burla folclórica. Al menos la banda sonora de Antonio Carlos Jobim, con canciones utilizadas en la obra de teatro, sirvió para la presentación mundial de un estilo de samba renovada que se llamaría bossa nova.



En 1999, la versión brasileña de “Orfeo”, dirigida por Carlos Diegues, obtuvo un enorme éxito popular. De hecho, la película logró mostrar un Brasil “órfico”, un país que sabe expresar los aspectos dramáticos de su alma a través de la música.

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